Hemeroteca

Recopilación de artículos gastronómicos, propios y de prensa.

Desde el hospital con humor

Juan José Lapitz
19.02.2017
Desde el hospital con humor

Artículo de Juan José Lapitz publicado en su sección "saber y Sabor" de "El Diario Vasco" de 18 de febrero de 2017

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La diabetes y yo, hemos llevado una vida de respeto y fidelidad, durante cuatro décadas. Ni ella agresiva, ni yo pasota. Sus constantes se han mantenido moderadamente superiores a los límites normales. Sólo cuando, creyendo que no se daba cuenta, me permitía tomar un hojaldre acompañado de una copa de oloroso, si sulfuraba y con sus 200 puntos me metía en vereda, para una buena temporada.

Pero no sé si por un ataque de celos, ¡a mis años! Más bien creo porque los años no perdonan, se ha vuelto majareta y me ha jugado una mala pasada que me tiene postrado varios días en un hospital público donostiarra.

Ingresé en planta pasada la media noche. Entre sedantes y cansancio caí en un sopor del que desperté con un susurro en mi oído que decía "kaka egin dezu?" Me creí de pronto en mi niñez, con una reprimenda por haberme dejado ir donde no debía, pero ante mi sorpresa vi la cara amable de una enfermera que se interesaba por mis evacuaciones y me sonreía  satisfactoriamente ante mi respuesta positiva. Un trabajo de menos, echar mano del desatascador.

Las cosas están a la última en este centro hospitalario. Cada mañana me presentan unos menús selectivos, para que elija lo que más me apetece comer o cenar el día siguiente. La lista es sugerente: menestra, pochas, marmitako, pollo en mil salsas, bacalao ajoarriero, conejo con tomate, etc.....Que están bien tratadas en cocina, pero sin un gramo de sal añadida. ¿Quién me iba a decir que, después de tantos años sin azúcar, iba a caer en una dieta sin sal? Cosas veredes Nicomedes. He de confesar que salvo la insipidez los guisos están bien cocinados, muy jugosas las albondiguillas, en su punto las patatas del marmitako, la pena que a mí no me tocó bonito. En su punto un rodaballo a la plancha y exquisita una compota casera de manzana con un toque de limón, que supera años luz, a los que sirven envasados. ¡Hasta en el hospital se puede hacer gastronomía!

He tenido la gran suerte de contar como compañero de habitación con Mikel Aguayo, trintxerpearra, toda una vida dedicada a la hostelería, especialmente desde su bar Bilindo, en Intxaurrondo. Que recuerda con complacencia su stage con Martín Berasategi. Amante de la buena mesa y setalari, con él las horas han corrido más rápidas. Por los protocolos que rigen en estos centros hospitalarios, de difícil comprensión, a Mikel no le dan menú a elegir. A pesar de ser persona letrada, está de sopa de letras hasta la coronilla.

(Publicado por Juan Manuel Garmendia)

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